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Cassettes ¿Sólo Nostalgia?

Cassettes ¿Sólo Nostalgia?

El cassette fue un formato de almacenaje de audio y grabación de sonido introducido en Europa y Estados Unidos por la empresa electrónica holandesa Philips en 1963 y 1964, que se popularizaría progresivamente luego que esta empresa lo licenciara gratuitamente a otras empresas electrónicas, convirtiéndose así en una alternativa popular para escuchar música. 

Llamado originalmente “Audio compact cassette” (“Audio cassette compacto” en español), el cassette fue concebido en principio para reemplazar al magnetófono, cuyo principal problema era que no era un equipo de fácil transporte ni portátil. El cassette, de mucho menor tamaño y mucho más compacto, quería resolver estos problemas y cubrir esa franja de mercado que aún no estaba siendo atendida.

La cinta de cassette ha sido uno de los sistemas para distribuir música que con más cariño recordamos y una de las primeras opciones que tuvimos para hacer nuestras propias grabaciones personalizadas y recopilatorios.

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Motivos para escuchar cassettes en la actualidad

 

La primera razón (personalmente la más importante) la dejaremos un poco de lado, porque es obvio que es personalísima y bastante intransferible, es la nostalgia.

Es la primera experiencia de mucha gente con edad suficiente para apreciar la música en los ochentas y noventas.

 

El segundo motivo por el que algunos seguimos escuchando cintas de cassette al día de hoy: el objetivo.

Las cintas de cassette, en algunos aspectos realmente suenan mejor que los CDs, más allá de apreciaciones particulares. El motivo de su mala fama es, cómo no, el uso que le dimos al formato: las copias de copias de copias que corrompían inevitablemente el sonido, en cintas de mala calidad compradas en el supermercado. Lo cierto es que hay cuatro tipos de cinta de cassette, de peor a mejor (Ferro, Chrome, Ferro-Chrome y Metal), y créanme que una grabación en una de estas últimas se nota.

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 Cuando se introdujo, el cassette era un medio para la reproducción de la música pre-grabada portátil, pero con la introducción de las versiones estereofónicas, se convirtió en el medio de grabación doméstica por excelencia durante más de veinte años. Pioneer creó los grabadores domésticos de alta fidelidad CTF 6060, CTF 7070, etc. y Sony sus grabadores o pletinas (equipos modulares) TCK5, TCK6, TCK7 etc. entre otros fabricantes.

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La calidad del sonido evolucionó con los cabezales de permaloy y ferrita sólida que emplearon Akai, Pioneer, Technics y Sony y sobre todo con las mejoras en las cintas. TDK ofreció cintas de media gama (como AD-C60) que permitían una respuesta en frecuencia máxima entre 60 Hz y 12 kHz.

 

Las cintas con formulación de dióxido de cromo (CrO2) surgieron para ofrecer en las grabaciones mejor respuesta en los sonidos agudos gracias al uso de partículas magnéticas más pequeñas. (Las primeras que salieron al mercado solían ser más abrasivas para el cabezal magnético).

 

Después se introducirían cintas con material magnético que combinaba el óxido férrico con alguna otra sustancia que daba mejores resultados que el dióxido de cromo, como en el caso del fabricante TDK, con la introducción de las cintas con recubrimiento de partículas de la línea Super Avilyn, que es un ion de cobalto absorbido en óxido férrico. Esta formulación permitió grabar frecuencias agudas casi en el extremo audible sin mayores problemas, y un ruido de polarización de unos –77 decibeles. Estas nuevas partículas extendían la banda de audio y reducían la distorsión, pero requerían nuevas grabadoras para aprovechar su calidad. Esencialmente, para que las cintas no distorsionasen al ser magnetizadas, una señal de polarización se introducía junto con la señal musical, permitiendo que el proceso de magnetización se llevara a cabo con distorsión mínima y alta linealidad.

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Se ofrecieron cintas de calidad mejorada para aprovechar el cassette como medio semiprofesional. A tal efecto, todas en mayor o menor medida ofrecieron cintas con formulaciones derivadas del concepto del Super-Avilyn (Como la Maxell UD-XL2 por ejemplo).

 

Hacia 1978 comienza la introducción de la cinta de partícula metálica pura. Con una respuesta a frecuencia plana de 20 Hz a 20 kHz a 0 dB, con esta cinta se podía llegar a grabar señales de frecuencias de hasta 50 000 Hz en –20 dB, y al ser un recubrimiento puramente metálico sobre la cinta plástica, la corriente para borrar la cinta era más elevada que en el resto de las formulaciones, pero esto a su vez daba una elevada duración al registro magnético. Hoy en día, se puede escuchar una grabación realizada en este tipo de cinta hace 40 años prácticamente sin pérdida alguna de calidad. Para poder aprovechar al máximo esta posibilidad, los fabricantes de reproductores de cassette introdujeron cabezales magnéticos tallados con suma precisión, y recubiertos con una pastilla de carburo tungsteno que retardaba el desgaste. (En un futuro tendremos una nota dedicada a reproductores de cassette y sus múltiples evoluciones)

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El desarrollo del vídeo hogareño, como el formato Beta de Sony y el VHS de JVC, llevaron a empresas como TDK a diseñar cintas de partículas aptas para grabar señales de hasta 8 MHz (Super Finavynx Metal Particle), y a ofrecer en formato de cassette de audio algunas cintas con formulación derivada de estas, como el TDK-MA-X. Maxell presentaría a principios de los años ochenta el producto Maxell Metal Vertex, considerado por muchos como el ápice de la tecnología de cassette compacto de audio, con una carcasa de material cerámico que era prácticamente indeformable y aseguraba la correcta posición del casete dentro del equipo reproductor.

Durante este periodo, se fabricaron grabadoras con mecanismos de gran refinamiento, sistemas de reducción de ruido, calibración independiente de todos los parámetros y entradas múltiples como si fuesen pequeñas consolas.

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Manipular el soporte, desplegar la portada, revisar las letras y los créditos, escuchar cómo suena no solo la música, sino el propio objeto que contiene la música. El ritual de abrir la cassetera, introducir la cinta, presionar el play, un gesto mucho más bruto y primal que una simple pulsación en una pantalla táctil. Eso vuelve a formar parte de la experiencia, y es algo que solo ofrecen los vinilos y los cassettes. 

La sensación analógica que proporciona escuchar un cassette es dificilísima de explicar, mucho más si estás educado o educada en lo digital, pero es real, no fruto de la nostalgia. Y es una sensación similar a la que se extrae de la imagen que escupe un VHS, esa imagen empastada, con interferencias y de colores apagados: esos errores de tracking lo producen defectos físicos en la cinta, lo mismo que las distorsiones en el audio de los cassettes vienen derivados de que la cinta del cassette está erosionada por el polvo, el uso y el tiempo.

Cuando comprendes que algunas “imperfecciones” pueden ser la guinda…Estás cerca de disfrutar del elemento físico, táctil y mágico de los cassettes

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