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Tornamesas, visiones generales y puntos a considerar.

Tornamesas, visiones generales y puntos a considerar.

Tornamesas, visiones generales y puntos a considerar.

 

Este capitulo lo queremos dedicar a un formato que hemos mimado desde el primer día y que ahora, en pleno regreso de la estereofonía, vuelve apoyado por la tecnología más avanzada y un punto romántico que lo hace más atractivo que nunca. Sí, nos estamos refiriendo al disco de vinilo y la singular “galaxia” -o “ecosistema”, por utilizar un término más de moda- que hay detrás. Una galaxia plasmada en una caja de sorpresas que pese a su aparente tosquedad formal guarda en sus intimidades unos niveles de refinamiento que en su máxima expresión pueden llegar a ser alucinantes y, lo más importante, hacer posible un sonido con una expresividad y una humanidad que para muchos todavía no ha logrado alcanzar el no va más en sonido digital. Así que en estas líneas vamos a intentar dar unas cuantas pautas para que quien haya descubierto –o quiera redescubrir- el disco de vinilo y no sepa cómo actuar para integrarlo con éxito en su equipo de reproducción sonora tenga claras las ideas de base y, a la vez, pueda llevarlas a buen puerto.

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La esencia: rotación estable, cero vibraciones

 

Sobre el papel, una tornamesa no es gran cosa, pero si queremos que la música contenida en un disco de vinilo sea reproducida con toda su riqueza de matices las coordenadas en las que nos vamos a mover se “complican” un poco, lo que significa que hay unos mínimos innegociables cuyo respeto es fundamental para que todo llegue a buen puerto.

 

¿Qué necesitamos? De entrada, un plato que gire a la velocidad correcta, es decir 33 ó 45 revoluciones por minuto o rpm (está también la opción de 78 rpm, en principio muy poco habitual), lo que nos lleva a un motor de calidad porque interesa que dicha velocidad sea exacta. Esto implica a su vez un sistema de rotación mecánico bien construido, y por tanto, con un eje y unos cojinetes bien mecanizados. Asimismo, el plato propiamente dicho y sobre el que descansa el disco deberá estar construido de tal modo que su distribución de masas sea perfecta y facilite esa estabilidad en la rotación.

 

Luego tenemos el brazo de lectura, responsable de que el elemento transductor que convierte las oscilaciones en el interior del surco de cada disco en una señal eléctrica susceptible de ser tratada posteriormente por los circuitos adecuados (el preamplificador o la sección de fono de un amplificador integrado) realice su trabajo en las mejores condiciones posibles. Dicho elemento transductor es la cápsula fonocaptora –o cápsula a secas- y de su perfecto posicionamiento en el disco (que a su vez está íntimamente relacionado con el montaje, los ajustes y la calidad intrínseca del mencionado brazo) dependerá que la “captura” de la música grabada se lleve con la calidad requerida. Luego, ya para finalizar, tenemos la conexión a la electrónica que tratará la señal obtenida, una conexión que en algunos casos procederá directamente del brazo de lectura y en otros podrá realizarse a través de un cable de nuestra elección al haberse dispuesto conectores específicamente pensados para ello. Resumiendo, ¿qué tenemos? Pues un plato, un brazo y una cápsula montados en una estructura que, como mandan los cánones de la reproducción sonora de alta calidad, deben estar completamente aislados de su entorno para concentrarse en su tarea y enviar de este modo una señal impoluta, sin interferencias externas, a la electrónica encargada de tratarla –en realidad “descifrarla”- y posteriormente amplificarla.

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Una cuestión de refinamiento

 

Si reflexionamos seriamente sobre lo que acabamos de decir, parece lógico pensar que el nivel de “complicación” que puede llegar a alcanzar un sistema de lectura analógica es virtualmente ilimitado, sobre todo, si queremos llevar hasta sus últimas consecuencias la idea de reproducción musical en Alta Fidelidad. Veámoslo rápidamente, aunque también con un poco de talle, punto por punto:

 

1-Plato: A más masa, más inercia y por tanto mayor estabilidad. Por otro lado, puesto que la transmisión de posibles vibraciones por vía mecánica influye sin lugar a dudas, y para mal, en el sonido, es importante que la composición del plato sea lo más “neutra” posible desde el punto de vista mecanoacústico, lo que nos lleva a combinaciones de materiales que en los casos más extremos pueden ser muy especiales y costosas.

 

2-Brazo: Por el motivo antes expuesto, el brazo debe ser lo más “neutro” y posible para que su estructura física no “contamine” la delicadísima señal captada por la cápsula (unas pocas décimas de milivoltio en los casos más críticos). Por otro lado, el brazo debe ser lo más rígido y preciso posible para que el seguimiento del surco se realice con el menor error de lectura posible, que siempre lo hay, la excepción son los brazos tangenciales, poco utilizados como consecuencia de problemas de ingeniería todavía no resueltos. A su vez, es crucial que se minimice cualquier posible transmisión de vibraciones entre el brazo y el resto del sistema de lectura porque las consecuencias pueden ser fatales.

 

3-Cápsula fonocaptora: La “joya” de la lectura analógica puede ser desde relativamente sencilla hasta extraordinariamente compleja y delicada. Al primer grupo pertenecen las cápsulas de imán móvil o MM y al segundo las de bobina móvil o MC, siendo las primeras menos resolutivas que las segundas pero a la vez más fáciles de integrar en cualquier equipo como consecuencia de su superior señal de salida (aunque también hay modelos MC con salida alta que pueden utilizarse con las siempre más sencillas electrónicas destinadas a sus homólogas MM). La diferencia la marcan, en este caso, el tipo de fabricación –industrial, manual- y la calidad de los materiales empleados, así como la “arquitectura” concreta de cada diseño.

 

4-Base o plinto: El conjunto que soporta el plato y el brazo es fundamental por cuanto es el encargado de que la totalidad del sistema se aísle de su entorno. De nuevo, el abanico de niveles de complejidad posible es muy amplio, abarcando desde un simple bloque de aglomerado de densidad media (MDF) hasta complejos esquemas de suspensión por muelles, neumáticos o hidráulicos e incluso magnéticos (¡sí, el mismo esquema de levitación que utilizan algunos trenes de super-alta velocidad!), todo ello sin olvidar que algunos modelos incorporan también un sistema de succión del disco mediante bomba de vacío. Como ven, el diseñador y el usuario exigentes tienen mucho donde elegir… con la correspondiente repercusión en el precio final, claro.

 

5-Tracción y motor: OK, un plato equilibrado dinámicamente y un sistema de giro con un rozamiento mínimo (virtualmente nulo en los sistemas basados en levitación magnética) son fundamentales para conseguir una rotación estable, pero sin un motor que gire a la velocidad que debe girar sirven para bien poca cosa. Esto nos lleva a los sistemas de tracción, es decir, de arrastre del plato, que fundamentalmente son dos: por correa (el más utilizado) y los llamados “de tracción directa”, que omiten la correa y en su momento fueron muy utilizados, pero que en el mundo de los puristas se convirtieron en poco menos que unos ”apestados” como consecuencia de sus perniciosos efectos (interferencias de tipo eléctrico) en la señal de audio.

 

Con el paso de los años, la tecnología ha permitido superar estos inconvenientes. Por otro lado, sobra decir que si el motor lo ubicamos en un bloque independiente con tratamiento anti-vibraciones y lo situamos fuera del giradiscos propiamente dicho ganaremos en preservación de la pureza de la señal. Y si además el sistema de giro está controlado electrónicamente con la ayuda de un cristal de cuarzo de alta precisión conseguiremos corregir, y además en tiempo real, cualquier posible deriva en la velocidad de rotación motivada, por ejemplo, por una variación brusca de la tensión de red y/o la presencia de parásitos en la misma.

 

 

6-Ajuste fino: Una vez debidamente combinados los elementos reseñados, cabe la posibilidad hilar aún más fino, ubicando el conjunto en un mueble especialmente diseñado para ello, y por lo tanto, de gran masa, compuesto (tanto la estructura general como las baldas y los elementos que las soportan) por materiales acústicamente inertes (o una combinación de diferentes materiales diseñada para conseguir tal objetivo) y equipado con sus pertinentes puntas de desacoplo. Y no hay que olvidar el cable de conexión en aquellos sistemas que contemplen tal posibilidad, así como los dispositivos para prensar el disco y lograr que esté perfectamente plano (en este caso, nada como una buena bomba de vacío,

aunque hay esquemas de prensado mecánico muy interesantes).  

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¡Y aún se puede hilar mas fino, mucho más!

 

El siguiente paso, cuyo tratamiento dejamos para otro capitulo, hay que buscarlo en la electrónica que reciba la señal captada por la cápsula porque, evidentemente, de nada sirve la máxima sofisticación por un lado si en el extremo receptor las cosas no están a la altura. ¿Qué niveles tenemos aquí? Pues los que podemos encontrar en otros componentes de audio que realizan funciones de tratamiento de la señal, aunque aquí se trata con tensiones eléctricas muy bajas y, por lo tanto, sensibles a la más mínima influencia externa. Resumiendo, el punto de partida lo encontramos en la sección de fono de aquellos amplificadores integrados/preamplificadores que la incorporan (las hay muy sencillas que sólo admiten cápsulas de imán móvil y otras muy elaboradas) y el punto final en las electrónicas específicamente diseñadas para tratar con señales de fono. Éstas están equipadas con un amplio número de reglajes (impedancia, ganancia, capacitancia) orientados a conseguir la perfecta adaptación de la señal procedente del giradiscos. Unas electrónicas que, además, pueden utilizar transistores, válvulas de vacío (o ambos dispositivos) y, por supuesto, incorporar fuentes de alimentación separadas.

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Este sábado 27 de febrero es la oportunidad perfecta para interiorizarte en el fascinante mundo del vinilo. Se realizará una nueva edición de la “Feria Vinilo Garage”, evento que sumerge a melómanos en la experiencia de encontrar discos vinilos clásicos, rarezas y piezas faltantes de su colección entre una decena de stands.

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